Mi derroche de melodrama

En días recientes se conoció un artículo periodístico del portal Volcánicas donde ocho mujeres, ¡ocho! denuncian el acoso y el abuso sexual por parte del director de cine Ciro Guerra. Aún cuando la ignorancia es un colchón muy cómodo para cuando este tipo de tragedias ocurren, no tengo nada que aportar a la relación entre el poder y el abuso, el patriarcado existe y no es un invento de tu feminista más cercana.

Y en vista de que no tengo nada que aportar pues será criticar, porque no cualquier día se ven estos despliegues de maromas argumentativas para evitar el rechazo firme ante este tipo de conductas. Participaré en lo que algunos descarados que osan llamarse intelectuales han decido llamar linchamiento, porque claro, el debate es para ellos, para los demás, es linchamiento.

Comienzo por criticar la crítica al drama, porque obviamente si uno va a tomar el lado del opresor, lo más conveniente es de paso comenzar a usar sus herramientas. Dramática, histérica, sensible, hormonal, exagerada y la lista podría seguir, pero sería una lista muy aburrida de hacer, todos los adjetivos que he recibido cuando me quejado de cualquier violencia, relacionada o no con el hecho de ser mujer, pero es increíblemente sencillo minimizar el dolor del otro. Creo que pocas cosas hablan tanto de privilegio como incomodarse por la forma de la denuncia y no por lo que se denuncia.

En la misma dinámica de twitter, en el portal Razón Pública se publicó un artículo donde evitan firmemente rechazar los abusos y “nos invitan” a hacernos otras preguntas. Me causa infinita curiosidad que nos hable de la cultura de la cancelación, alguien está cancelando a Ciro Guerra?, es en el twitter premium? Luego nos habla de los linchamientos que sufrieron dos usuarios de twitter, porque ya uno no puede salir a decir que las mujeres acosadas le pueden dar una patada en las guevas a sus acosadores porque la gente le contesta, será que alguno de los tuiteros linchados han escuchado hablar de Terry Crews? También nos hablan de venganza y yo vuelvo y pregunto, alguien me invita al twitter premium por favor? Creo que la parte más molesta de todo el artículo es cuando se habla de “educación sentimental” a la hora de contar las historias, porque de nuevo, no es tanto lo que pasó, pasa y seguirá pasando, sino como se cuenta.

En la sección de sorpresas, Carol Ann Figeroa me llenó de emociones con su vídeo, no de las emociones que a uno le gusta sentir particularmente. Siguiendo con el discurso impuesto en twitter nos habla de linchamientos, justicia por mano propia, exterminio… en serio, alguien me invita al twitter premium? Y claro, uno viviendo en Colombia está acostumbrado a que los políticos de todas las orillas instrumentalicen el proceso de paz con las FARC según les convenga, pero hacerlo para matizar la discusión sobre unas denuncias de acoso y abuso sexual en contra de un director de cine será un nuevo límite. Me repugna que se hable de los principios del acuerdo, verdad, justicia y reparación, cuando para el momento en el que se publica el vídeo ya se sabe que la reacción de Ciro Guerra va a ser acudir al aparato judicial, que como ya muchos lo han señalado, sólo demuestra lo ridículo que es pedirle a las víctimas que denuncien cuando es más fácil que el sistema judicial las termine revictimizando. Su vídeo termina con el lugar común de que es un problema estructural y como es estructural, para qué nos vamos a quedar en fijarnos en el caso de Ciro Guerra? Muy 1900 sacar la línea de que las mujeres nos ponemos en el lugar del “pedazo de carne”, pensé que eso ya había quedado claro, por supuesto que las mujeres nos podemos poner en el lugar del deseo únicamente físico, pero cuando queremos! No a la fuerza!

Una idea también muy de 1900 es que el feminismo es una cuestión de hombres contra mujeres, pero episodios como estos nos muestran en 4K y a 32 bits que ese no es el caso, porque el patriarcado es un sistema de valores, que nos evalúa de diferente manera a hombres y a mujeres, pero no sólo está atravesado por el género, también incluye la posición económica, o como diría Paul Bromberg, “no es el dinero, sino las cositas que te puedes comprar” y en este caso, parece (¿o no?) que puedes comprar la opinión pública.

Para que no digan que uno se queda sólo en la crítica, ¿alguien ya le contó Sanín que Natalie Wynn, de la que hablan en el artículo de Razón Pública es trans?

Y para que el drama no sea sólo drama sino melodrama, una canción para los cñores que están tan preocupados por la educación sentimental: